Día 14º, Sábado: Regreso a casa, la cruda realidad

El sábado fue nuestro último día de estancia en este paraíso caribeño. Por la mañana, tras desayunar hicimos la maleta y un autobús vino a recogernos a las 12.30h para trasladarnos al Aeropuerto Internacional de Las Américas en Santo Domingo (se tardan unas 4 horas en llegar). De camino hicimos una parada “técnica” en la consabida tienda de souvenirs Columbus Plaza, de La Romana.

En el aeropuerto, nada más bajar del autobús hay unos “maleteros” que enseguida vienen a acosarte, y casi sin que te des cuenta (ya que estás en medio del caos del descargue de maletas del bus), te han subido tu maleta al carrito para “ayudarte” a meterla en la terminal (escasos 20 metros); ésto no es gentileza, pretenderán cobrarte nada menos que 10 USD por el servicio.

Había una enorme cola para facturar en el mostrador de Pullmantur Air (estábamos todos los que habíamos pasado una semana en República Dominicana, más todo el pasaje del crucero que acababa de terminar ese día, ya que regresaríamos en el mismo vuelo). El avión despegaba a las 19.30h. y no creáis que nos sobró mucho tiempo… Por cierto, en el aeropuerto hay múltiples tiendas “duty free” de buena calidad (igual que en Barajas), donde se pueden hacer las últimas compras (ron a 5€, arte taíno, perfumes, tabaco, etc).


Bueno, ahora os voy a contar el GRAN TIMO de la facturación de equipaje: Mientras esperábamos turno en la cola empezamos a escuchar anécdotas y protestas porque cobraban a todo el mundo por exceso de equipaje (aunque sólo te pasaras 500 gramos de los 20 Kg permitidos), al precio, nada más y nada menos, de 10 €/Kg. (curioso cómo habían cambiado la moneda de $ a €, no?). Yo estaba segura de que mi maleta no pesaba más que en el viaje de ida, porque prácticamente no compré nada, y las pocas compras que había hecho las llevaba en un trolley de cabina, junto con mi portátil, así que mi maleta llevaba exactamente lo mismo a la ida que a la vuelta, al igual que la de mi acompañante. Además, habíamos pesado la maleta en la báscula del baño del hotel antes de salir. Sin embargo, debió “engordar” misteriosamente en el trayecto, ya que nos dijeron que llevábamos 11 Kilos de más, y que por tanto, debíamos pagar 110 €. El embrollo viene, por un lado, porque las básculas pesan en libras (1 libra = 0,45 Kg, y como para discutir en el momento la “cuenta” que te hacen… encima te meten prisa porque hay mucha gente esperando), y por otro, porque están trucadas y pesan de más.


Por supuesto protestamos, alegando además que no teníamos ese dinero, así que la chica “negoció” con nosotras, y nos lo dejó en 60 €, pero nos dio las tarjetas de embarque y nos dijo que nos apartáramos del mostrador para que pudiera ir atendiendo al siguiente mientras hacíamos recuento de nuestro dinero (teníamos $ y € mezclados). Tuvo la jeta de añadir que cuando le fuéramos a pagar, lo hiciéramos discretamente para que no se enterase el supervisor, ya que nos había hecho una “rebaja” no permitida. Total, que con las tarjetas de embarque en la mano, viendo el panorama y lo que hacía todo el mundo que podía, nos largamos sin pagar nada como si fuéramos a pedir prestado dinero a unos amigos (una historia que nos inventamos), pasamos el control policial y entramos a la zona de embarque para dar una vuelta por las tiendas. (Un inciso: en todo el  interior del aeropuerto, NO hay ningún área para fumadores).


Cuál fue nuestra sorpresa cuando, a la hora del embarque la chica nos vino a buscar, a la puerta del avión, preguntando si habíamos conseguido reunir el dinero. Me quedé tan sorprendida que no reaccioné y le dije que sólo tenía 20 €, y cuando fui a dárselos se alarmó toda, y me dijo: “no, no, aquí no! vamos al baño”. La verdad es que en ese momento sólo quería quitármela de encima, estaba ya todo el mundo entrando en el avión, y con las prisas, al final entré al baño, le di los 20€ y me fui. Lógicamente no me dio ningún recibo, y está clarísimo que ese dinero iba directamente a su bolsillo. Mientras embarcábamos iba comentando el caso con mi acompañante, y me dio por mirar los billetes, donde ponía claramente el peso en kilos: 21 y 20 respectivamente (o sea, 1 Kg de exceso en total entre las dos personas), así que nuestro cabreo e indignación fue en aumento. Un supervisor que estaba en la plataforma de embarque, justo en la puerta del avión, nos oyó y nos preguntó qué nos pasaba, así que le contamos toda la historia. Rápidamente llamó por walki a otro supervisor, y éste a otro, y éste a otro… y a la “timadora”. Se armó la marimorena!! La chica al principio lo negó todo, pero luego acabó confesando (mientras tanto, todo el pasaje en el avión  ya sentados y esperando por nosotras); nos devolvieron el dinero, y a la chica le costó el puesto. Luego, comentándolo con otras personas descubrimos que había hecho la misma jugada con todos los que habían pasado por su mostrador, así que ese día hizo su Agosto, la muy caradura. Moraleja: primero regatead, luego fijáos bien en el peso que pone en la tarjeta de embarque antes de pagar, y si pagáis algo hacedlo en el momento y exigid un recibo. Son unos liantes e intentan confundirte, entre el peso en libras, meterte prisa, etc.

Otro timo del aeropuerto de Santo Domingo es la famosa tasa de salida del país (20 USD). Afortunadamente no caímos en ella, pero NO hay que pagar nada ya que está incluida en el precio que habéis pagado por el crucero. Para evitarla, en vez de pasar el control policial por la vía normal, hay que entrar al área de embarque por donde pone: “Cruceros”. Allí no os pedirán nada.


En fin, tras el incidente, el vuelo transcurrió con normalidad. Llegamos a Barajas (a la T1) a las 9 de la mañana del domingo, recogí mi coche de alquiler y regresé a casa. Estaba nevando, así que el impacto fue brutal. 


Atrás quedó el paraíso caribeño, y ahora tocaba enfrentarse a la cruda realidad…

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