Día 3º, Martes: Martinica

Tan sólo nos separaban 23 millas de nuestra segunda escala: Martinica, la flor del Caribe, una de las islas de flora más exuberante de las Antillas Menores, bañada por el Caribe y el Atlántico. Llegamos al puerto de  Fort-de-France, su actual capital, a las 8h y estaríamos hasta las 18h.


MARTINICA:
  • Aunque ya estaba poblada desde el 2.500 a.C por indígenas amerindios, y después por los indios Arawak, Martinica fue descubierta por Cristóbal Colón en 1.502 (durante su tercer viaje a América), quien desembarcó en Le Carbet. 
  • Fue disputada por franceses y británicos, pero es -desde 1.974- un departamento de ultramar de Francia, por lo que su idioma oficial es el francés, y su moneda el €. Tiene una población de 414.000 habitantes (unos 100.000 habitan en Fort-de-France).
  • Su primera capital fue Saint Pierre, pero ésta fue arrasada por la lava tras la erupción de la Montagne Pelée en 1.902. La capital fue trasladada a Fort-de-France, que sigue siéndolo en la actualidad; es la ciudad más grande y cosmopolita de las Antillas Francesas.
  • Martinica tiene una superficie de 1.080 Km2. Mide 65 Km de largo por 20 de ancho. El norte de la isla tiene un relieve muy abrupto, con densos bosques, ríos, cataratas, y el volcán Pelée, aún activo (1.397 m de altura); la zona central se caracteriza por la Llanura del Lamentín, situada a los pies de los montes Pitons du Carbet (una cordillera de 1.207 m de altitud), y en la zona sur hay numerosas bahías y ensenadas muy pintorescas, playas de arena blanca, aguas turquesas y cocoteros. 
  • La isla tiene un aeropuerto en Le Lamentín, cerca de Fort-de-France: el International Martinique Airport Aimé Césaire. También es usual llegar por mar, a través de ferrys a islas cercanas.
  • Entre sus principales atractivos están: actividades de aventura y naturaleza, visitar las destilerías de ron y las extensas plantaciones de caña de azúcar, las playas de Les Salines (en el sur), y su exuberante vegetación selvática tropical, especialmente numerosas flores de vivos colores (es apodada “la isla de las flores”).
  • Como dato curioso, en Martinica nació la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón.
  • Información sobre Martinica: Web Oficial de Turismo (en inglés), Web oficial de Turismo (en español), Web Turística, Guía de Martinica, Guía Lonely Planet.
  • Información sobre Fort-de-France: Web de Turismo.  


LA EXCURSIÓN: San Pedro y la Destilería de Ron (Duración: medio día).

Atracamos en el Puerto Pointe Simon, en Fort-de-France, pero habíamos leído que los taxis aquí eran muy caros, y como yo tenía interés en ir a Saint Pierre (a 45 minutos), decidimos contratar la excursión del barco. Ahora que ya he regresado os puedo decir que, al igual que en el resto de puertos, hay múltiples taxis y agencias de excursiones que ofrecen la misma excursión, y más económica. No obstante, nos llevamos una gran desilusión ya que la visita a Saint Pierre se limitó a ver el Museo Vulcanológico y el mercadillo de artesanías que había junto a él.

La excursión se realizaba íntegramente por tierra, y las carreteras, aunque con firme en buen estado, son estrechas y llenas de curvas, por lo que se tarda bastante en llegar a cualquier sitio. Tomamos la llamada “Route de la Trace”, un sendero zigzagueante creado por los jesuitas en el siglo XVI atravesando el Parque Natural de Balata, una selva de elevados helechos, laderas cubiertas de anturios y matas de bambúes, por la vertiente oriental de las montañas volcánicas de Pitons du Carbet. Tras aproximadamente 15 minutos hicimos la primera parada, para visitar la Iglesia de Montmartre de Balata, una réplica de la Basílica Le Sacre Coeur parisina. Fue construida en 1.924 y lo más destacable es su cúpula bizantina. Allí había un mirador desde donde había unas excelentes vistas de la capital.


Proseguimos en autobús hasta Saint Pierre, mientras desde el autobús veíamos los pequeños pueblecitos de Le Carbet (donde desembarcó Colón por primera vez), y Ville de Bellefontaine (con sus vendedores ambulantes de pescado). 

A los pies de la Montagne Pelée divisamos la preciosa bahía de Saint Pierre, con su playa y su pequeño puerto. 

Es curioso, el pueblo tiene dos calles, una que discurre por la parte superior de la montaña en sentido entrada a la ciudad, y otra a orillas del mar (a lo largo del malecón), por la que el tráfico sale de la ciudad. 

En la calle de entrada se encuentran la Catedral, las ruinas de la cárcel y del teatro, y el museo. En la calle de salida se hallan el malecón, el mercado, la playa, el puerto, y el edificio administrativo Place Bertin.


Nos pararon justo a la puerta del Museo Vulcanológico Franck A. Perret, que visitamos. Es un pequeño museo dedicado exclusivamente al enorme impacto que tuvo la erupción del volcán Pelée sobre Saint Pierre, que arrasó por completo la que era, por aquel entonces, capital de Martinica. Pueden verse todo tipo de objetos rescatados de entre la lava (café o arroz petrificados, máquinas de coser, esculturas, y otros objetos pertenecientes al ajuar de las viviendas ahora inexistentes), así como fotografías del antes y después de la erupción. Nos contaron que únicamente hubo un superviviente, un preso de color llamado Louis-Auguste Cyparis, que permanecía encarcelado en una celda sin ventana ni ventilación (gracias a ello sobrevivió), y que curiosamente luego se hizo famoso en un circo como “el hombre que sobrevivió al día del Juicio Final”.


Junto al museo había un pequeño mercadillo de artesanías y un mirador (Sur Cette Place), desde donde había una magnífica vista de toda la bahía, rodeado de edificios en ruina cubiertos de lava, y de un boulevard lleno de crotones (pequeños arbustos tropicales originarios de Asia, muy extendidos por la isla).


Nos hubiera gustado visitar más profundamente Saint Pierre, “el Pequeño París de las Antillas”, declarado actualmente Ciudad de Arte e Historia, pero eso fue todo. 

Subimos al autobús y nos llevaron a la Destilería Depaz, un enorme imperio donde pudimos ver (por nuestra cuenta, ya que no hubo explicación alguna) el proceso de fabricación del ron a partir de la caña de azúcar, así como el Museo del Vapor y el funcionamiento de una enorme turbina hidráulica. Había también una Mansión, la casa señorial donde vivían los señores de estas tierras, pero para acceder al interior había que pagar un suplemento de 3USD, así que pasamos. Por supuesto, la entrada a la tienda para que compraras ron era gratuita…


Aquí terminó la excursión, así que estábamos bastante enfadadas porque en realidad prácticamente no habíamos visto nada. Subimos al bus y nos llevaron de regreso al puerto, al que llegamos pasadas las 13h.

VISITA A FORT-DE-FRANCE:

Tras comer rápidamente en el barco, salimos de nuevo sobre las 15h para visitar Fort-de-France. En la misma Terminal de Cruceros del Puerto había un mercadillo turístico de artesanías y una oficina de información turística, donde nos facilitaron un callejero de la ciudad. El centro de la ciudad se encuentra a unos 15 minutos andando del puerto, así que tomamos un taxi.


Fort-de-France tiene un montón de edificios de traza colonial y neoclásica que visitar (Prefacture, Pavillon Bougenot, Bibliotéque Schoelcher, Theatre de la Ville, Musée d’archeologíe precolombienne, Paláis de Justice, etc), pero no teníamos mucho tiempo ya que había que estar a bordo como muy tarde a las 17.30h; aún así pudimos verlos aunque solo por su parte exterior.

Lo más importante es el Malecón, frente al que se encuentra el enorme Parque de La Savanne (en el que están construyendo un mercadillo turístico) y el Fort Saint Louis, una fortificación estilo Vaubán construida por los franceses en el siglo XVII (éste no se puede visitar por dentro).


La principal calle comercial es la Rúe de la Repúblique, peatonal y llena de tiendas de bastante estilo y calidad. Al final de la calle acababa de ser inaugurado el Centro Comercial Cour Perrinon, y en la Plaza de la Catedral se encuentran las Galerías Lafayette; se nota muchísimo la influencia francesa, tanto en las tiendas como en el estilo y forma de vida. 

Visitamos también la Catedral de Saint Louis, con una alta y aguda torre campanario y enormes proporciones en su interior.


Después de mucho correr para poder verlo todo, sobre las 17h dimos por terminada la visita, y cuando emprendíamos el regreso al puerto, nos sorprendió una gran tromba de agua (en Noviembre es época de lluvias) y estaba anocheciendo, así que tuvimos dificultades para encontrar un taxi (no había en la parada que hay frente al Teatro), y se apoderó de nosotras el nerviosismo de no llegar a tiempo al barco… pero finalmente, una señora nos ayudó (a cambio de una propina) indicándonos una parada cercana donde sí había taxis libres, así que todo quedó en un susto.

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