Navegando el Cañon del Rio Dulce hasta Livingston

Un par de horas en bus para llegar a orillas del lago de Izabal, el más grande de Guatemala, que empalma con el Río Dulce, que a su vez desemboca en el mar Caribe.

Navegamos en lanchas rápidas con capacidad para 10 personas cada una por el lago, hasta llegar al Castillo Fortaleza de San Felipe de Lara, que fue construido en 1.652 para proteger a las embarcaciones y aldeas de Izabal de los piratas. La fortaleza fue quemada unos años más tarde, y luego se convirtió en prisión; después el lugar fue abandonado, y el castillo actual es una reconstrucción del año 1.956. Ahora es un atractivo turístico, y está rodeado de zonas verdes, con barbacoas y merenderos. Comimos en el castillo, que fue cerrado al público durante un par de horas para nuestro grupo, donde montaron un catering para la comida.

Castillo de San Felipe de Lara
Después de comer proseguimos el viaje en lancha dos horas más por el Cañón del Río Dulce. El Río Dulce es un río grande, de 500 a 1.500 metros de anchura en gran parte de su longitud. El lugar más estrecho está en un punto llamado La Vaca donde se reduce a unos 100 m de ancho quedando apretado en El cañón. Todas las casas y negocios en el río tienen un muelle para barcos, las lanchas son como los taxis y son relativamente baratos, pues es el único modo de desplazamiento en esta zona, ya que por tierra no existen carreteras y es selva virgen.
Excursión en lanchas rápidas por Río Dulce
Río arriba se pasa por un espectacular desfiladero con paredes tapizadas con vegetación selvática, manglares, y fauna salvaje (principalmente lo q vemos desde las lanchas son aves). El río se amplía más tarde en un lago pequeño, El Golfete, cuyas costas cubiertas de vegetación están llenas de hermosos lugares, asentamientos de Indios Mayas y una reserva de manatíes. Es impactante ver el modo de vida de la gente en este lugar, se ve mucha pobreza, las casas son palapas (las paredes hechas con tablones de madera y el techo de hojas de palma) ubicadas entre el manglar, la orilla del río y la selva, carecen de cosas básicas, los niños en canoas se nos acercan para que les demos dinero, jabón, bolígrafos, o cualquier cosa… son mayas qeqchí.

Danzas garífunas

Ya de noche llegamos a Livingston, donde nos alojamos en el Hotel Villa Caribe. A esta localidad sólo se puede acceder en lanchas, y tiene la particularidad de que es una comunidad cerrada de raza negra, “garífunas” es como se denominan, ya que tienen sus raíces en el siglo XVII, mezcla de esclavos africanos (traídos para la explotación de la industria bananera) con indígenas del caribe. Hablan español, pero también su propia lengua garífuna (una mezcla de lenguas caribeñas y africanas mezcladas con un toque de francés); su música y bailes también son estilo africano; la banda está compuesta por tambores, maracas y una concha de tortuga; y el baile se llama “la punta”. En el hotel, durante la cena, tenemos oportunidad de ver un espectáculo garífuna. También probamos una comida típica: el “tapado”, una sopa hecha a base de pescado, camarones (langostinos o gambas), marisco y agua de coco, especiada con cilantro; sorprendentemente estaba muy rica.