Día 5º, Jueves: Sint Maarten – Saint Marteen

Cómo pasaban los días! Eran las 8 de la mañana del jueves cuando llegamos a Sint Maarten, el paraíso de las compras, donde estaríamos hasta las 18h.

SINT MAARTEN – SAINT MARTEEN:
  • Esta pequeña isla caribeña de 98 Km2 es compartida por dos nacionalidades: Sint Maarten (al sur, con unos 34 km2) pertenece a las Antillas Holandesas, y Saint Marteen (al norte, con unos 64 km2) es un departamento de ultramar del Gobierno Francés.
  • La isla tiene unos 73.397 habitantes, unos 42.000 franceses y unos 31.397 holandeses.
  • Marigot es la capital de la parte francesa, y Philipsburg la del lado neerlandés. La distancia entre ellas es de tan sólo 8 Km.
  • El principal atractivo de la isla son las compras. Aunque el nivel de vida es bastante alto en toda la isla, Philipsburg es mucho más barato que Marigot (en Marigot hay más artículos y turismo de lujo). En la parte holandesa podéis pagar con dólares americanos, y en la francesa con euros.
  • La isla tiene dos aeropuertos: el Aeropuerto Internacional Princesa Juliana en la parte holandesa, y el L’Espérance Airport en Grand-Case (en la francesa).
  • Información sobre la isla: Oficina de Turismo de la islaInformación sobre St. Marteen, Web sobre Saint Marteen, Guía de St Maarten, Info sobre Philipsburg, Info sobre la isla, Otra Web sobre la isla.

LA EXCURSIÓN:

Llegamos a la Terminal de Cruceros John Craane del puerto Dr. A. C. Wathey Pier en Philipsburg (parte holandesa de la isla). En el mismo puerto había un enorme centro comercial, el Harbour Pointe Village – Duty Free World, formado por pequeñas construcciones de madera de una sola planta, ocupadas íntegramente por tiendas libres de impuestos, así como una oficina de información turística. Ese día lo mejor es no contratar ninguna excursión ya es básicamente un día dedicado a las compras; la isla tiene pocos atractivos que visitar y las distancias son muy cortas, así que puedes moverte por tu cuenta en taxi, aunque OJO! porque el tráfico es caótico y los embotellamientos seguros, id siempre con muchíiiiisimo tiempo de margen.


Para llegar al corazón de Philipsburg hay que bordear toda la bahía (Great Bay), así que hay que tomar algún transporte. Hay dos opciones, ambas en el mismo puerto: por tierra (taxis, que son microfurgonetas), o por mar tomando el peculiar Water Taxi (lancha rápida). Las tarifas están previamente establecidas, por tierra os saldrá por 3 USD el trayecto, y la lancha 4 USD (6 USD válido para múltiples viajes durante todo el día). Los Water Taxi son la mejor opción,  funcionan hasta las 17.30h, y son constantes, salen del puerto a la ciudad y viceversa una vez se llenan.


Nosotras no pensábamos hacer compras, así que decidimos visitar la isla. Contratamos un taxi para que nos llevara a la capital francesa, Marigot. El tráfico en la isla es brutal, y conducen a velocidades irrisorias, por lo que para hacer 8 Km tardamos más de media hora. Nos dejó en el malecón, donde se encuentra el puerto de ferrys y la exclusiva Marina de Fort Louis. Frente a la marina se halla el Centro Comercial West Indies, enorme y lleno de tiendas lujosas y de marca como Chanel, Quicksilver o Lacoste, a unos precios bastante caros (hasta nos cobraron 1 USD por usar el baño). En la parte superior del C.C., encaramado sobre la colina, se encuentra el Fort St. Louis, el mayor monumento histórico en St. Martin, construido en 1.767; puede visitarse, pero hay que subir un empinado camino que sólo puede realizarse a pie.


Al otro lado del malecón, frente a la bahía, se encuentra el Marigot Market Place, un enorme mercadillo que se estructura en torno a un anfiteatro al aire libre y sus calles aledañas. En él puedes comprar todo tipo de artesanías y productos típicos, desde ropa tipo playera, hasta objetos realizados en madera, o con tagua (el llamado el “marfil vegetal”, procedente de la semilla de palma), y piezas de joyería realizadas con el popular larimar (piedra preciosa típica del Caribe y la República Dominicana, que vendían al peso).

La estructura urbana de Marigot es un auténtico caos, callejuelas que se entremezclan sin orden ni concierto por las que es fácil perderse, calles estrechas de único sentido donde lo más frecuente son los embotellamientos… Nos alejamos un poco del malecón y vimos el Ayuntamiento y la Biblioteca, pero regresamos enseguida al puerto, donde se concentran múltiples taxis, para contratar uno que nos llevara a la playa más popular de la isla, Maho Beach, en la parte sur (holandesa).


Para ir a Maho había que bordear la Simpson Bay Lagoon, una enorme laguna de agua salada que ocupa toda la zona suroeste de la isla; de camino vimos el Mullet Bay Golf de Low Lands y zonas con hoteles y centros comerciales de alto standing. Maho Promenade es la zona de mayor ambiente nocturno de la isla, repleta de bares, restaurantes, hoteles, discotecas y casinos.


Maho Beach se encuentra junto al enorme complejo hotelero Sonesta Maho Beach Resort & Casino. La verdad es que la playa como tal no tiene gran atractivo: no es muy extensa, y la estrecha franja de arena tiene una enorme pendiente. Por contra, el agua es transparente, está caliente y sin oleaje, y la arena es fina y dorada. 

Pero el mayor atractivo de esta playa es que se encuentra a escasos 5 metros de la pista de aterrizaje del Aeropuerto Princesa Juliana; es realmente impresionante estar tumbado en la arena y ver cómo un Boeing 747 se avalanza sobre tí, pasando a escasos metros de tu cabeza, por no hablar del ruido de los motores… La playa estaba llena de turistas tomando fotografías; está muy bien montado, el Sunset  Beach Bar es un enorme chiringuito con bar, restaurante y zona de discoteca, e incluso un panel ¡con los horarios de los vuelos!



Estuvimos bastante rato en la playa, era un auténtico espectáculo y no paraban de llegar aviones y avionetas de todos los tamaños, así que se nos pasó el tiempo rápidamente. De repente empezó a llover a cántaros (una de las tormentas tropicales característica de la época de lluvias en la que nos encontrábamos) y se nos hizo difícil encontrar un taxi para regresar a Philipsburg. Eran las 15h y debíamos embarcar a las 17.30h, pero queríamos ver Philipsburg y nos habían dicho que para recorrer los escasos 16 km que nos separaban de la capital podíamos tardar incluso ¡una hora!. Y así fue, tomamos un taxi y veíamos que pasaba el tiempo y no avanzábamos nada, los coches estaban totalmente parados, fruto del enorme tráfico aéreo y de la lluvia torrencial. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el taxista nos dejó tiradas allí mismo, en medio de la carretera, alegando que tenía que llevar a su mujer a médico y que no le daba tiempo.

Tuvimos suerte ya que uno de los coches que estaban parados en el atasco era un taxi que iba libre hacia Philipsburg y quiso recogernos; encima nos cobró menos que el impresentable del taxi anterior (15 USD en lugar de 18). Tardamos 1.15h en llegar (llegamos a las 16.15h), y aún nos dio tiempo a dar una vuelta rápida por Philipsburg.

A diferencia de Marigot, el trazado urbano de Philipsburg es una cuadrícula, calles paralelas y perpendiculares (atascadas por el tráfico, eso sí) repletas de tiendas en las que puedes encontrar ropa, electrónica, perfumerías, joyerías… La ciudad es pequeña, y su calle principal es Front Street (aproximadamente 1,5 Km de largo), que discurre paralela al malecón y a la playa (Great Bay Beach), donde también se encuentran la iglesia St. Marteen of Tours y el Palacio de Justicia (Court House). Detrás de éste, el mercadillo de artesanías (Tourist Market) y la iglesia baptista del Nuevo Testamento (donde se estaba celebrando un entierro). 

Perpendicular a Front Str. se halla Cyrus Wathey Square, una plazoleta rodeada de tiendas y palmeras, frente a la que se encuentra la tienda The Captain’s (libre de impuestos), y el muelle Captain Hodge Wharf, de donde parten los Water Taxis, que tomamos a las 17.15h para regresar a la terminal de cruceros y embarcar con el tiempo justo.

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