Excursión a Isla Catalina y Chavón

¡Me encantó esta excursión! Es una excursión de día completo, e incluye comida y barra libre en bebidas durante todo el día; nos costó 85 USD por persona. La contratamos en el lobby del hotel al operador Club Caribe; creo que son los únicos que la tienen, pues preguntamos en más sitios y en ninguno ofrecían éste mismo planning, que consistió en lo siguiente:

A las 7.30h de la mañana nos vino a recoger un autobús, en el que fuimos hasta Bayahibe, (unas 2,5 horas) donde embarcamos en un catamarán. Hacía un día espléndido y lo pasamos muy bien, la verdad es que montan unas fiestas a bordo por menos de nada, durante toda la travesía con música salsera a todo gas, bailando con los animadores, tomando el sol en la red de la parte delantera… y había bebidas y ron por doquier. La fiesta duró unas dos horas.

En las inmediaciones de Isla Catalina hicimos una primera parada para hacer snorkel. Te prestaban el equipo necesario (gafas con tubo, aletas y salvavidas) y ¡al agua!, a ver preciosos pececillos de colores (había un montón), durante aproximadamente 30 minutos. Debido a sus arrecifes coralinos, Isla Catalina es uno de los mejores sitios para bucear en la República Dominicana.

Luego nos acercamos a la costa de Isla Catalina, que es una pequeña isla virgen  y deshabitada de tan sólo 9,6 km2 perteneciente al Parque Nacional del Este, y considerada por algunos como sinónimo del paraíso terrenal. Está catalogada como Monumento Natural.

Desembarcamos en pequeñas lanchas en la Playa del Oeste, una pequeña playa de arena blanca y aguas turquesa, donde permanecimos unas dos horas. Había tumbonas y un pequeño chiringuito de madera donde montaron el bar. Junto a la playa propiamente dicha había también una zona de manglares, pero ¡cuidado! si os adentráis a explorarlos, a nosotras nos comieron vivas los jenjenes (llevad una potente loción antimosquitos).


mbarcamos de nuevo en el catamarán para dirigirnos al río Chavon. En la desembocadura del río con el mar Caribe se encuentra la llamada Casa de Campo, un enorme y lujoso complejo de villas situado a unos 5 km de la ciudad de La Romana, considerado como uno de los más completos y famosos hoteles del Caribe. En él tienen propiedades artistas famosos de proyección internacional de la talla de Julio Iglesias o Paulina Rubio. El complejo, además de las villas, tiene todo tipo de instalaciones (campo de golf, marina, etc). Como zona cultural y de ocio de la Casa de Campo se construyó, en 1.982, un pequeño pueblecito llamado los Altos de Chavón, que por la tarde visitaríamos a pie.


Tras recorrer desde el catamarán la Casa de Campo, llegamos a la desembocadura del río Chavón, donde cambiamos de embarcación y tomamos el River Princess, un precioso barco de madera al más puro estilo Mississippi. A bordo teníamos preparado el buffet para comer, mientras navegábamos por el cañón del río viendo la exuberante vegetación de sus acantilados. Una maravilla!


Desembarcamos en la represa del río para tomar un autobús que nos llevaría a los Altos de Chavón, una recreación de una aldea mediterránea del siglo XVI construida hace tan sólo 25 años como centro cultural y de ocio de la lujosa Casa de Campo. Fue diseñada por el arquitecto dominicano José Antonio Caro y construida por el italiano Roberto Coppa. La villa es conocida como “la ciudad de los artistas”, debido a que en ella se encuentra la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, la más prestigiosa del país en Bellas artes, diseño de moda, diseño de producto, diseño gráfico y diseño de interiores; está asociada a la Parson’s School of Design de Nueva York y con otras escuelas de diseño de Francia y Japón.

En los Altos de Chavón se rodaron algunas escenas de la película Apocalipsis Now. Sus calles empedradas y la arquitectura de sus casas, todo construido en piedra coralina, son una auténtica preciosidad, ¡parecían la Casita de Chocolate! Lástima que tuvimos que visitarlo muy deprisa (30 minutos), pero pudimos ver lo más importante: el majestuoso anfiteatro al aire libre (con aforo para 5.000 espectadores), la Iglesia de San Estanislao, el museo arqueológico, y sus múltiples galerías de arte, tiendas, restaurantes y bares distribuidos a lo largo de sus callejuelas. 


El día llegaba a su fin, comenzaba a anochecer y nos esperaban más de dos horas de autobús hasta regresar al hotel, así que emprendimos ruta y llegamos al hotel hacia las 20h, ya que de camino hicimos una parada a las afueras de Higuey, en la consabida tienda de souvenirs.



Fue una excursión genial, que recomiendo a todo el mundo, en lugar de la clásica de Isla Saona.

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