Palacio de los Guzmanes (León)

La Diputación

Me encanta este palacio, de vez en cuando al pasar por delante no puedo resistirme a entrar un momentito. A pesar de ser la sede de las oficinas de la Diputación Provincial, en él se respira quietud y tranquilidad, como si te trasladaras a otra época, en pleno centro de la ciudad.

Claustro del Palacio de los Guzmanes
Se encuentra junto al Palacio modernista de los Guzmanes (de Gaudí), frente a la plaza de San Marcelo (donde está el antiguo Consistorio) con esquina a la calle Ancha (que es la que lleva a la catedral). Al estar en una zona tan céntrica, y siendo peatonal, hay que ir andando; se puede aparcar el coche en un parking subterráneo que hay justo enfrente, con entrada por la plaza de Santo Domingo.
Este palacio se construyó en 1560, por Rodrigo Gil de Hontañón, para Juan Quiñones y Guzmán, obispo de Calahorra. Fue comprado por la Diputación Provincial de León en el año 1882, siendo reformado en los años 1973 a 1976 por el arquitecto Felipe Moreno.
El edificio tiene planta trapezoidal. La apariencia externa se divide en tres plantas. La inferior con grandes ventanas con rejas, la segunda con balcones adintelados y un tercer piso con una galería con arquillos. En una de sus dos entradas originales se conserva entre columnas jónicas los escudos de la familia del obispo. El patio tiene dos cuerpos, el inferior con arcos escarzanos con columnas jónicas y el superior, con arcos carpaneles con interesante escalera de tres tramos.
El palacio ocupa toda una manzana, está realizado en piedra y sobre la puerta principal hay un balcón presidencial, con escudo de armas y las típicas banderas que hay en los organismos oficiales. Tiene tres alturas, y lo que más destaca en su fachada son los balcones con barandillas de forja negra que destacan sobre la piedra de color claro de la planta segunda, y los arcos de la tercera, así como su alto torreón que se ve desde ambos extremos de la calle.
Pero lo que más me gusta es su interior. Nada más traspasar la puerta encontramos un pequeño zaguán donde hay una escultura de piedra dedicada al patrono de la diócesis de León, San Froilán, y una oficina de información (no turística, sino administrativa).
Tras subir un par de peldaños encontramos un gran patio interior de forma rectangular, que es la parte más bonita del palacio, y la que suelo entrar a ver de vez en cuando. El suelo es todo de piedra, y en el centro del patio hay un pozo que tiene función únicamente ornamental. En torno a este patio se distribuyen todas las dependencias del palacio, a través de un pasillo que lo circunda, hoy ocupadas por las oficinas de la Diputación.
En la planta baja está lleno de arcos a modo de soportales sustentados por columnas de origen jónico, y sus techos son un artesonado de madera. En las paredes pueden verse algunas inscripciones conmemorativas y escudos familiares del obispo de Calahorra, que fue su primer morador. El acceso a la planta superior se realiza por medio de dos enormes escalinatas preciosas, también de piedra, a las que han puesto una alfombra roja. En una de ellas hay expuesta la figura de un caballo montado por un hidalgo ataviado con su armadura medieval. En la planta superior hay una gran galería acristalada con vidrieras, aunque éstas son bastante pobres (no tienen nada que ver con las que pueden contemplarse en la catedral por ejemplo). También es digno de observarse las curiosas y diferentes formas que presentan las gárgolas para la evacuación del agua de la lluvia de la última planta.
El acceso es libre y gratuito, siempre en horario de oficina (por las mañanas), así que os animo a entrar a este palacio, porque en verdad merece la pena.
Declarado Bien cultural protegido, en la categoría de monumento en el año 1963.