Restaurante El Faisán Dorado (León)

LLEVAOS UN BOCATA PARA DESPUÉS…

Este restaurante era uno de los clásicos de toda la vida de la ciudad, pero hace unos años cerró sus puertas y ahora ha vuelto a abrir con aires totalmente renovados.
Se localiza en Santa Ana, en la parte inferior del Barrio Húmedo. Se puede llegar en coche ya que esa calle aún no es peatonal, aunque escasea el aparcamiento. Lo mejor es llegar a pie, pues está bastante céntrico.

El nuevo local ha sido totalmente reformado, e intentan darle un aire de exclusividad y pijería exagerado que no cumple ni por asomo. Nada más entrar, un ordenador con el esquema gráfico de las mesas, para que el camarero pueda acomodarte (algo inútil porque a pesar de ser pequeño, está vacío… y no me extraña). A continuación bajas 3 o 4 peldaños de escaleras, y se accede al comedor, decorado con buen gusto, moderno, con madera de bengué, sillas de cuero, salvamanteles individuales de pizarra, cubertería de diseño, varias copas para el vino, agua… El local tiene una cristalera desde la que se ve la cocina en vivo.

La carta no es nada extensa, tienen pocos platos, y le dan aire sofisticado en plan “espuma de no se qué”, “crujiente de no se cual”… Bueno, íbamos 6 personas y pedimos unos entrantes, y después un segundo plato. Mientras esperábamos nos pusieron un buñuelito de pan frito con queso, y un consomé que nos lo sirvieron de una cafetera y que estaba excesivamente fuerte y salado.
Los entrantes a compartir venían ya emplatados para cada uno el suyo, en lugar de poner la fuente completa y tener que repartirlos nosotros, lo cual está bien ya que hay platos complicados para compartir; recuerdo un foie con carpaccio de higos frescos que estaba bastante rico, unos rollitos de cecina rellenos de foie y compota de manzana que tampoco estaban mal, aunque los he comido mejores. (Y no recuerdo qué más pedimos de picar).

Los segundos fueron el summum. No es que la comida estuviera mala del todo, pero no daba la talla para un restaurante de la categoría que pretenden tener; he comido mejor en cualquier tasca del Húmedo. Además, la cantidad de los platos es totalmente irrisoria. Los segundos platos eran del mismo porte que los entrantes compartidos. Vamos, que tres personas pedimos rape alangostado y hasta llamamos al camarero para decirle que queríamos 3 raciones y no sólo una repartida para los tres!!! pero nos dio una vaga explicación de que ese era el tamaño de una ración completa, y que iba en función del peso, no del volumen ya que al tener que estar CONGELADO la carne se quedaba más compacta y abultaba menos. En fin, una auténtica tomadura de pelo (ver la foto), encima que nos dijera que el pescado era congelado, con tantos aires de exclusividad que le quieren dar al restaurante. Otro de los segundos fue atún toro a la plancha, y estaba totalmente crudo y sangrante; la carrillera al chocolate y el cordero eran raciones algo más abundantes, pero aún así escasas.

Por supuesto pedimos postre, a ver si nos llenábamos un poco… un mousse de arroz con leche excesivamente dulce que parecía se les había caído todo el paquete de azúcar en la cazuela, y chocolates en texturas (unos bomboncitos vamos).
Yo no bebí vino, pero los que lo hicieron decían que estaba excesivamente caliente y que sabía a corcho.

Después de la comida, que más bien fue un aperitivo y salimos con el mismo hambre que entramos, lo peor fue la cuenta… un auténtico timo!!! pagamos por 3 entrantes, 6 segundos platos, 2 postres, 1 botella de vino, otra de agua y 5 cafés más de 500€.

En fin, un lugar a evitar, carísimo y encima te quedas con hambre. Por eso debe estar casi vacío, y la pareja de otra mesa que teníamos al lado se marcharon también con mala cara…
Una pena, ya que el restaurante de antaño tenía una carta mucho más amplia, con productos de buena calidad y recetas sabrosas, sin tanta tontería,pero comías muchísimo mejor y más barato.

CONTACTO:

Dirección: C/ Cantareros, 2
24003 León
Teléfono: +34(987)256609
Web: Página web
Fecha de mi visita: Octubre 2007 (y no pienso volver!)