Ruta por el Valle Encantado

Situado entre las comarcas portuguesas de As Beiras y el Alto Duero, el Valle Encantado es un valle misterioso, con cierto halo de misticismo. Tierra de leyendas envueltas en religiosidad, fue uno de los lugares elegidos por los monjes cistercienses para construir varios de sus monasterios, fruto de su pasado glorioso y su riqueza.

La mejor época para visitar el Valle Encantado es la primavera ya que, al igual que ocurre con el Valle del Jerte, la floración de los saúcos conforma un paisaje único y espectacular. Las montañas que rodean este fértil valle -siempre verde- están cubiertas por amplias extensiones de viñedos, ya que aquí se produce el mejor “vino espumante” de Portugal.

Ruta de los Viñedos del Císter: el Camino de los Monasterios

El itinerario que realicé se denomina el “Camino de los Monasterios”. Es una ruta circular de unos 60 Km de recorrido total que comienza y finaliza en Lamego, con paradas en Armamar, Salzedas, Ucanha, Dalvares, Tarouca y São João de Tarouca. Veamos cuáles son los principales puntos de interés a visitar en esta ruta:

Monasterio de Santa María de Salzedas

Catalogado como Monumento Nacional, el Monasterio cisterciense de Santa María de Salzedas, del siglo XII, fue uno de los monasterios más ricos y poderosos de Portugal gracias a las donaciones recibidas por distintos reyes portugueses y personajes de la nobleza de la época.

Contaba con una hospedería, grandes graneros y cocinas, múltiples dormitorios, una farmacia, grandes establos, y una notable biblioteca, aunque actualmente se encuentra en bastante mal estado de conservación ya que cayó en estado de abandono en el año 1834, cuando fue extinguido.

El edificio es originariamente románico, aunque dadas las reformas y ampliaciones sufridas a lo largo de los siglos, es una mezcla de varios estilos: gótico, manierista, barroco… La visita al monasterio de Salzedas incluye la iglesia, la sacristía, los dos claustros (en estado ruinoso), el jardín interior y la residencia parroquial.

También en Salzedas, el pequeño barrio de la judería, con sus casas de colores recién restauradas, es digno de ser recorrido.

Monasterio de São João de Tarouca

En São João de Tarouca hallamos otro monasterio, el primero construido en Portugal para la orden cisterciense. Su construcción se remonta al año 1.152, aunque desde entonces sufrió numerosas reformas y ampliaciones, especialmente en el XVII y XVIII. Fue un monasterio muy rico e importante, con un gran patrimonio, debido a las múltiples donaciones que recibió de príncipes y reyes portugueses.

De todas las dependencias que formaban el extenso conjunto monástico sólo se conservan algunas ruinas del claustro y otros edificios (que están siendo recuperadas), pero la iglesia (actualmente convertida en parroquia) se encuentra en perfecto estado y es una maravilla. Está declarada Monumento Nacional.

El interior consta de tres naves separadas por una galería de arcos apuntados y cubiertas por un techo abovedado. Todo el perímetro está recorrido por diez capillas con ricos retablos de talla dorada renacentistas y pinturas del siglo XVI, destacando especialmente el óleo de San Pedro (atribuído a Vasco Fernandes).

El altar Mayor está precedido por el coro, con una magnífica sillería de madera labrada, y pinturas relativas a la orden cisterciense. Frente al coro se halla el impresionante órgano de tubo (de 1766) cuyo elemento más curioso es la escultura de madera policromada con largas barbas, que tiene la peculiaridad de ser articulada y marcar el ritmo de la melodía moviendo los brazos y la boca.

Otros elementos destacables de la iglesia del Monasterio de São João de Tarouca son: el sepulcro del Conde de Barcelos (situado a las puertas de la Sacristía), y una enorme escultura románica de la Virgen con Niño, de dos metros de altura realizada en granito y situada frente al altar mayor.

La Sacristía, con sus paredes recubiertas de paneles de azulejos típicos portugueses, techos con pinturas al fresco, y mobiliario de cajonería, es digna de admiración.

Iglesia de San Pedro de Tarouca

Situada en la plaza homónima, la Iglesia de San Pedro de Tarouca es un templo románico-gótico edificado siglo XII, aunque reconstruido en el XIII y XVI. Tiene dos portadas y una peculiar espadaña de forma triangular. Sobre la fachada sur destaca una escalera que sube por la parte exterior del edificio para dar acceso a la sacristía y al coro.

En su interior alberga una capilla funeraria del XVI, dos pilas bautismales y varios retablos de traza dorada, destacando el del altar mayor con tallas de madera policromada y un camarín, realizado por Francisco Rebelo a principios del XVIII.

Museo del Espumante, en Dalvares

El Museo del Espumante se emplaza en la Casa do Paço de Dalvares, un notable edificio medieval construido para Egas Moniz que formaba parte de una gran explotación agraria señorial. Está catalogado como Monumento Nacional, por su notable significado histórico, cultural y social.

En este museo se explica el proceso de elaboración del vino más característico de esta zona vitivinícola del Távora-Varosa de la región del Alto Duero: el “espumante”. Se trata de un vino espumoso muy parecido al champán francés (de hecho se elabora igual), fresco y aromático, producido con uvas de las variedades malvasía, godello, pinot noir y chardonnay, entre otras.

El puente fortificado de Ucanha

Muy cerca, en Ucanha, se encuentran las “Caves da Murganheira”, una de las principales fábricas de espumante de la zona, que también pueden visitarse (excepto en domingo).

Otro lugar de interés a visitar en Ucanha es su puente fortificado (del que ya hemos hablado en ese otro artículo). Construido sobre el río Varosa, es de origen románico aunque en el medievo se le añadió una flamante torre a modo de castillo para defender el paso hacia el monasterio de Salzedas, y como lugar de cobro de tributos. También está declarado Monumento Nacional de Portugal.

Armamar

Aunque yo no llegué a parar en Armamar, en este pueblo puedes visitar la iglesia románica y la cascada de Temilobos (a 3 Km del pueblo).
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