Moguer, además de ser una
Ciudad Colombina fuertemente vinculada con el Descubrimiento de América, es la
cuna de Juan Ramón Jiménez. La ciudad donde nació y vivió el célebre poeta y
Premio Nobel de Literatura, fue un referente en toda su obra -especialmente en
Platero y yo – y su mayor fuente de inspiración.
¿Me acompañas a conocer el Moguer de Juan Ramón Jiménez?
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| Máquina de escribir de Juan Ramón Jiménez |
1. Casa Natal de Juan Ramón Jiménez
Comenzamos la visita en la Calle Ribera nº 2, donde se emplaza la casa que le vio nacer un 23 de diciembre de 1881. En ella vivió hasta los 4 años de edad, y Juan Ramón Jiménez la inmortalizó dedicándole el capítulo «La casa de la calle Ribera» en Platero y yo, su obra más célebre.
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| Cita de Platero y yo en la Casa Natal de Juan Ramón Jiménez |
Esta vivienda burguesa de finales del siglo XIX y fachada con cierto aire neomudéjar está declarada Bien de Interés Cultural y alberga un Museo con varias salas temáticas dedicadas a la historia de Moguer y a la importancia que tuvo la ciudad para el poeta:
– La relación del poeta con el mar. Aquí pueden verse maquetas de barcos, del antiguo puerto sobre el Tinto, de sus astilleros, y de un singular molino mareal.
– La recreación del despacho de su padre, importante comerciante vitivinícola de la zona.
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| Casa Natal de Juan Ramón Jiménez, hoy Museo |
– La estrecha vinculación de Moguer con el vino, donde puede verse (entre otras cosas), una espectacular maqueta de una bodega antigua.
– Sala dedicada a Francisco Hernández-Pinzón, sobrino y albacea de Juan Ramón, y una de las personas más importantes en sus últimos años de vida.
– Sala dedicada a su esposa y musa, Zenobia (como objetos personales, cartas, fotografías de su vida…)
2. Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez
A los 4 años de edad, Juan Ramón Jiménez y su familia se trasladaron a vivir a una casa más grande situada en el nº 10 de la calle que hoy lleva su nombre. Esta vivienda del siglo XVIII es una mansión propia de las familias pudientes de la época: fachada blanca encalada, con vanos enrejados y simétricos, y dos patios interiores al más puro estilo andaluz.
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| Patio central con aljibe en la Casa Museo JRJ |
El patio central, cubierto con una bonita cúpula de cristal, distribuye las diferentes estancias de la vivienda, y tiene en la zona central el famoso aljibe esculpido en una sola pieza de mármol alabastrino que el poeta inmortalizó en sus obras. El otro patio (abierto a la intemperie) estaba dedicado a establo y corrales, y hoy muestra una estatua de bronce de Platero.
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| Dormitorio de Juan Ramón Jiménez y Zenobia, en su casa museo |
Esta casa de dos plantas es recordada por el poeta en sus obras literarias: «casa de cal, cristal y mármol, la casa blanca con su balcón verde donde yo crecí». Hoy es la sede de la Fundación Juan Ramón Jiménez, que la ha convertido en la Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez.
En la planta inferior hay 7 salas dedicadas a albergar la Biblioteca particular del poeta y su Hemeroteca, de un valor incalculable.
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| Platero y yo, publicado en múltiples idiomas |
En la planta superior hay 9 salas dedicadas a la vida del escritor y su esposa Zenobia, donde pueden verse algunos de sus objetos más personales como su mesa de despacho y su máquina de escribir, el telegrama original de 1956 por el que se le comunica la concesión del Premio Nóbel de Literatura, sus alianzas de boda, su dormitorio, el cuarto de baño, etc. También hay una interesante pinacoteca y una vitrina donde se exponen cientos de libros Platero y yo que han sido publicados en todos los idiomas.
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| Objetos personales de su esposa y musa, Zenobia |
3. Ruta Literaria por Moguer
Otro detalle característico de Moguer es la atmósfera poética que envuelve el caserío, como puede apreciarse en la llamada Ruta Literaria. Y es que el aliento de Juan Ramón Jiménez todavía está presente en plazas y calles de Moguer. Escritas en azulejos, en muchas fachadas se exponen frases evocadoras del Moguer que el poeta conoció:
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| Ruta literaria de Juan Ramón Jiménez en Moguer |
«La torre de Moguer, de cerca, parece una giralda vista de lejos» (Platero y yo)
«Y se iba a la solitaria Plaza de las Monjas a mirar la luna llena desde un banco de losas al cobijo maternal de los muros y la espadaña de la Iglesia de Santa Clara» (Piedras, Flores y Bestias de Moguer)
«En Moguer, yo veía los Nazarenos de Moguer, con sus túnicas, sus enaguas de encaje, sus fajas y sus capirotes, muchos, en blanco y amarillo unos, otros en rojo y morado, algunos en blanco y rojo, o en morado y amarillo…» (Entes y sombras de mi infancia)
«El colegio de mi pueblo tenía, en la plataforma, una gran ventana que daba al jardín, jardín de antigua casa señorial, abandonado, lleno de hierba alta, de yedra y de humedad, con naranjos, jazmines, enredaderas y cipreses…» (Recuerdos)
La “cúpula de cristal” del patio que mencionáis es referida por JRJ en el capítulo de La Azotea de PLATERO como “la montera de cristales”. Me gustaría que se usara esta palabra tan bonita de montera, que justamente designa un armazón que deja pasar la luz, mientras que cúpula es más genérico.